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Usar la frase “muerte por suicidio”

Al cambiar la manera en que hablamos, le quitamos la culpa a la persona que perdió la vida

Las redes sociales desbordan con las reacciones y los comentarios a las recientes noticias sobre la muerte de celebridades como Anthony Bourdain y Kate Spade. Personas que nunca los conocieron tratan de explicarse por qué estos personajes tuvieron un fin tan trágico. En concreto, se preguntan por qué lo hicieron. Es una pregunta común después de un suicidio, y aunque en sí sea inocente, en un sentido esencial está cargada de malos entendidos sobre el suicidio y en algunos casos sobre las enfermedades mentales.

 

¿Cuál es el problema? En parte, está en el lenguaje. Al preguntarse por qué una persona se suicidó, se pone la responsabilidad en la víctima, así como la frase “cometió suicidio” alude a una intención casi delictiva. La depresión y otras enfermedades mentales son los principales factores de riesgo de suicidio. Por eso, los especialistas en salud mental prefieren emplear la expresión “muerte por suicidio”, pues no culpa a la persona que perdió la vida y se facilita al examen de la enfermedad o el trastorno que sufría.

 

Dicho lo anterior, el suicidio casi nunca es causado por un único factor. Según un informe de Vital Signs (la publicación electrónica mensual de los Centros para el Control de las Enfermedades), los investigadores encontraron que del 54% de los que murieron por suicidio no se tenía noticia de que hubiesen recibido un diagnóstico de enfermedad mental. Muchos casos de suicidio se atribuyeron a estos diagnósticos, pero otras cuestiones, como los problemas económicos y de pareja, así como la drogadicción, contribuyeron al aumento de las cifras de suicidio.

 

“Al entrevistar a sobrevivientes de suicidio, lo que se aprecia es que ese suicidio, en el momento en que lo intentaron, les parecía una solución muy lógica para sus problemas —explica la doctora Anna Lembke, profesora asociada de psiquiatría y ciencias de la conducta (psiquiatría general y psicología del adulto) en el Centro Médico de la Universidad de Stanford—.

 

“Muchas veces, pasa que se sienten profundamente inservibles, profundamente deprimidos y que representan una carga para los demás. Lo que desde fuera da la impresión de ser irracional, pero en su mente, en ese momento, es completamente racional. Y esta idea de que son una carga es un tema recurrente que se repite una y otra vez”.

 

La doctora Rebecca Bernert, suicidóloga y directora fundadora del laboratorio de investigación para prevenir el suicidio de la Escuela de Medicina de Stanford, añade que en esta investigación se ve que las personas “que corren más riesgos de suicidarse se consideran una carga o piensan que no hay un lugar para ellas, aún si se trata de una equivocación perjudicial”.

 

Como este sentimiento de ser una carga es tan intenso, las víctimas “no ven el suicidio como un acto egoísta, sino casi como un acto desinteresado —explica la doctora Lembke—. Subestiman completamente, incluso respecto de sus seres amados, el efecto psicológico que tendría el suicidio y abrigan la idea irracional de que su muerte le ayudará a los demás, incluso a quienes más aman. Este razonamiento se funda en un estado mental alterado, normalmente causado por depresión o por depresión y psicosis”.

 

No todos los que sufren depresión tienen ideas suicidas ni todos los que tienen ideas suicidas las materializan. ¿Por qué unas personas corren más riesgos que otras? No se ha resuelto este confuso asunto.

 

“El suicidio es un resultado complejo de una enfermedad mental y la interacción de diversos factores de riesgo —dice la doctora Bernert—. La conducta suicida es síntoma de depresión, pero se presenta en una gama continua que va de la ideación suicida a los intentos concretos de morir por suicidio. Sólo una pequeña proporción de quienes están deprimidos llega a morir por suicidio”.

 

La doctora Urszula Klich, psicóloga clínica que inició un programa de capacitación para prevenir suicidios en su puesto anterior en el Centro Shepherd de Atlanta, Georgia, señala que en su trabajo actual con pacientes de dolor crónico (de los que aclara, pertenecen a una categoría de riesgo elevado de suicidio), “algunos, aún si están muy deprimidos, nunca tienen ideas suicidas ni su depresión se manifiesta en ellos como riesgo de suicidio”.

 

Así como una persona deprimida puede no volverse suicida nunca, la que nunca ha sufrido depresión puede suicidarse a partir de la nada. Sin embargo, la doctora Klich dice que casi siempre hay alguna forma de “preparación del acto”. A veces, alguien cercano puede detectarlo e intervenir (con o sin éxito); pero otras veces, no.

 

“Si consideramos la capacidad adquirida —explica—, la ‘habilidad’ que muestra una persona que se suicida, entendemos que preparó su acto. Vemos cierto desarrollo. Quizá habló del tema con alguien, que luego se acuerda de que le dijo algo extraño. También vemos que los pacientes suicidas ensayan. Es posible que no tengan planes de suicidarse, pero están jugando con la idea. Digamos, si tienen una pistola, la sacan, la cargan, la descargan y vuelven a guardarla. O en el caso de las sobredosis, sacan las tabletas y las cuentan”.

 

Estas “conductas de planificación”, como las llama la doctora Bernert, son indicadoras de un grave riesgo, “aún cuando el acto concreto sea muy diferente”.

 

Desde luego, esto no quiere decir que los sobrevivientes de seres amados que murieron por suicidio hayan pasado por alto las señales de advertencia, porque no es posible pasar por alto esas señales si no se sabe que existen. Además, como indica la doctora Klich, ciertas conductas suicidas sólo las detectan los especialistas, sobre todo en el caso de los ensayos mentales o la imaginería; son síntomas que pueden presentarse sin que la persona esté plenamente consciente de que son, de hecho, una forma de ideación suicida. Asimismo, como millones de personas sufren depresión y no tienen ideas suicidas, es difícil, mas no imposible, distinguir quién corre y quién no corre riesgos.

 

En cualquier caso, quien esté preocupado de que alguien cercano esté en riesgo, puede ayudarlo conversando. En esas conversaciones, conviene expresarse con franqueza. La doctora Klich ha visto que, como el suicidio está tan estigmatizado (y es un tema muy difícil de abordar), la gente tiende a eludirlo o sin querer induce a las víctimas de ideación suicida a dar una respuesta tranquilizadora.

 

“Es muy común que la gente pregunte: ‘Tú no harías nada así, ¿verdad?’. Veo esto incluso en el ámbito médico, cuando los profesionales les preguntan a sus pacientes: ‘Usted no ha pensado en lastimarse o en suicidarse, ¿o sí?’ Pero ¿quién daría una respuesta positiva a esa pregunta? No muchos”.

 

Quizá sería mejor dejar la pregunta abierta y neutra. Por ejemplo, se puede decir: “¿Tienes ideas o figuraciones de suicidio?”.

 

Cuando pasamos por un duelo por esta clase de muerte, es probable que nos hagamos preguntas. Completos desconocidos tratan armar el rompecabezas de lo que llevó a la muerte de esas celebridades, de lo que les hacía falta o de por qué no teníamos la menor idea de sus luchas personales (lo que no quiere decir que sean materia para el escrutinio público).

 

Pero si un conocido suyo murió por suicidio causado por una enfermedad mental y usted quiere tratar de entenderlo, reflexione en la conmovedora analogía de la doctora Lembke.

 

“Hablamos de la muerte cuando se trata de cáncer o de dolencias cardiacas, pero no cuando se relaciona con una enfermedad mental; no obstante, algunas personas mueren por esta causa. El suicidio es como un ataque cardiaco masivo en el cerebro”.

 

Si tienes inclinación o te sientes en riesgo de suicidio, no dudes en comunicarte a alguna de las siguientes líneas telefónicas, donde te pueden brindar apoyo:

LOCATEL : 5658 1111 *

Horario: 24 horas

*El teléfono de emergencia 911 también te canaliza a la línea LOCATEL de asistencia psicológica.

 

 

Artículo traducido de: NBC News

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