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Carta al esposo de una mujer deprimida

En una carta, Becci Nicholls explica a su esposo lo que es vivir con depresión

Querido Esposo:

 

Te quiero mucho, más que a nadie en el mundo. Creo que lo sabes, como yo sé que también me amas, aunque a veces se me olvida. La depresión nubla mi mente y me llena de ideas horribles de que no valgo nada ni merezco que me amen. Unas veces te creo a ti; otras, le creo a la depresión.

 

Sé que prefieres los buenos días en que estoy contenta y no ansiosa ni irritable. Yo quisiera tener siempre días de esos, pero no puedo. Siento que la nube se acerca y me petrifica. A veces te lo digo y a veces no. Si te das cuenta de que está la nube antes de que te lo diga, abrázame fuerte y dime que la combatiremos juntos. No me preguntes si me siento bien, porque mi respuesta automática dirá que sí, aunque en realidad sea un enorme no. La depresión hace que me sienta avergonzada.

 

También sé que a veces exagero por minucias y me enojo, pero tenme paciencia. Que se te olvide comprar el pan no es el verdadero motivo: es que siento que pierdo el control de mi mente. La depresión es muy ingeniosa. Verás, si construyes una pared de ira ladrillo a ladrillo, nunca te das cuenta sino hasta que es tan alta que empieza a caerte encima. Lamento mucho que los días nublados te lleves la peor parte. Perdóname, por favor. Por favor. Sólo dime que me amas y deja que me calme.

 

Y sé que es difícil ayudar a alguien para que pase por la depresión si tú mismo nunca la has sufrido. Te entiendo. De verdad lo comprendo. Sólo escúchame y pregúntame sobre los días nublados. Yo no puedo sacarlos a colación en las pláticas. La depresión enturbia la mente y necesito que tú rompas el silencio.

 

Habrá muchas ocasiones en que me parezca que estarías mejor sin mí o que mis hijos merecen una madre mejor. Casi nunca te lo diré, sólo a veces. Puedo pasar meses sin que esas ideas me crucen por la cabeza, pero hay épocas en que no dejo de pensarlo ni un segundo durante semanas. Es la horrible verdad. La depresión es vil, es un monstruo asqueroso y vil. No dejes de estar atento, porque por mucho que me digas que soy valiosa, lo más probable es que no te crea en los días nublados. Pero no dejes de decirlo. Nunca.

 

Amo a nuestros hijos por encima de todo, pero a veces me siento un fracaso, siento que soy una madre de mierda. Mi mente me atosiga y me dice que las otras madres lo hacen todo mejor y quieren a los suyos mejor que yo. Siento que no soy suficiente. Me cuesta tanto trabajo ser mamá en los días nublados, pero me esfuerzo para que no perciban las nubes. Espero que sepas que me esfuerzo.

 

No me he vuelto a hacer daño desde febrero de 2010, pero a veces el impulso me come las ansias. Cuando llega la nube negra, se apodera de mi mente. La combato a brazo partido por mí, por mis hijos y por ti. Sé que es difícil entender por qué me atrae tanto, ni yo misma me lo explico. Es como una vieja adicción que vuelve para molestarme cuando huele la nube negra. Espero que un día ya no pase por mi cabeza.

 

Sé que no hablo muy seguido sobre estas nubes negras, pero quiero hacerlo. Odio el silencio que me impone. Hay cierta libertad en hablar francamente del monstruo. Hablar me sirve para ganar esa libertad.

 

La depresión me hace sentir cansada. A veces, es tanta la fatiga que sólo quiero ponerme a llorar. Me duelen todos los huesos. En las noches, acostada, me preocupo de cosas que ni siquiera han sucedido. Si también estás despierto, estrecha mi mano.

 

A veces necesito reunir toda mi motivación para levantarme en la mañana, pero nunca te lo dejo saber. Me da miedo el nuevo día. Me pregunto si podré sobrellevarlo. ¿El cielo estará azul o negro? ¿El tiempo será agradable? Todas las mañanas son duras, pero verte a ti las hace menos difíciles.

 

Quiero darte públicamente las gracias por amarme y apoyarme. Eres el mejor.

 

Siempre tuya,
X

 

Por Becci Nicholls en The Migthy

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